Alimentos, política pública, hábitos, ¿cómo se relacionan?

Por Éctor Jaime Ramírez Barba

El tema de la alimentación humana vista sólo a través de los profesionales de la salud, o de los responsables de tutelar este derecho humano, o de los formuladores de políticas públicas para “bien alimentar” a los desfavorecidos, tiene serias limitantes a la luz del estudio científico de lo obvio hecho por antropólogos como Patricia Aguirre y que a continuación describo.
Ella parte de lo obvio: la alimentación es, al mismo tiempo, individual y social, por el carácter dual del gusto como construcción social que condiciona al sujeto para elegir lo que de todas maneras estaría obligado a comer. Asevera que desde hace milenios la nutrición ha sido un factor de importancia crucial, tanto en los sujetos para mantener la salud, como en los grupos para mantener el orden.

En el último siglo las cosas cambiaron, la ciencia al servicio de la producción de alimentos ha contribuido a centuplicar las existencias, a crear especies (y a extinguir otras), a moderar hambrunas, a controlar y aun eliminar enfermedades, donde los alimentos, en lugar de ser garantes de la supervivencia, se han transformado en causantes de enfermedad de los comensales. Además, los Estados, más que por las existencias en los graneros, están preocupados por los flujos financieros, ya que una variación de la tasa de interés en otro país puede hacerlos colapsar afectando sus finanzas y condenando a la población a la pobreza.

Esta disponibilidad en exceso de alimentos extendida por el comercio condujo al abandono de los patrones tradicionales (frugales y diversos) que colapsaron ante las cocinas industriales, basadas en muy pocas especies vegetales y animales, pues sólo 15 explican el 90% de los consumos alimentarios humanos, sea cual fuere la geografía de que se habite. Además, 250 industrias transnacionales producen el grueso de los consumos mundiales de OCNIS (objetos comestibles no identificados), modificados por la producción, intervenidos químicamente para conservarlos, saborizarlos, colorearlos y transportarlos en redes comerciales de nivel planetario hasta el lugar donde puedan pagarlos. Con la lógica del mercado y de la ganancia, la capacidad de compra es más importante que la necesidad.

Adicionalmente, la sociedad de comensales actual sigue experimentando un proceso de individualización donde el bienestar y el cumplimiento de sus deseos se convierten en objetivos supremos, trayendo una nueva crisis: el individuo vive eligiendo ahora en un mundo con elecciones alimenticias industriales casi infinitas. La ilusión ahora es modelar, a través de la alimentación, su apariencia y salud futura.

Aparecen ahora los comensales selectivos como los vegetarianos, veganos, ovo lácteos, locávoros y granívoros. Las dietas de base religiosa fuera de su contexto de desarrollo como las macrobióticas, ayurvédicas y new age. Las reelaboraciones de dietas tradicionales con patente de saludables como la mediterránea y paleolítica. Y por último, multiplicidad de dietas autoimpuestas por razones no racionales o por neurosis como por ejemplo, los amantes de animales que se abstienen de comerlos; los que no gustan cocinarlos crudívoros; los que no comen frutas porque los consideran embriones; o los que sólo comen frutas remitiéndose a criterios de salud construidos ad hoc. ¿estarán en lo cierto? La respuesta es que no.

En México existen ahora 25 millones de personas con carencia de acceso a la alimentación y 70% de los adultos tienen sobrepeso u obesidad. Hoy se han superpuesto los padecimientos de la escasez con los de la abundancia: desnutridos y obesos, habiendo en las familias en muchas ocasiones un miembro con bajo peso (generalmente un niño) y otro con sobrepeso (frecuentemente la madre). Debemos reflexionar como ha llegado nuestra sociedad de comensales hasta reemplazar el mandato de cocinarás para tu familia por el de no comerás para mejorar tu apariencia.

ectorjaime@gmail.com

 

 

 

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